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Chile, fértil provincia, y señalada / en la región antártica famosa, / de remotas naciones respetada / por fuerte, principal y poderosa, / la gente que produce es tan granada, / tan soberbia, gallarda y belicosa, / que no ha sido por rey jamás regida, / ni a extranjero dominio sometida. La Araucana. Alonso de Ercilla y Zúñiga

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Editor: Neville Blanc

Sunday, August 01, 2010

DE NUESTRO CONSOCIO: OSCAR PINOCHET DE LA BARRA


"Junté mis pies, firmemente asentados en la nieve, y miré muy lejos, a través del tiempo y la distancia, para divisar a quienes en 1940 dictaron el Decreto de Límites y precisaron nuestra soberanía".
Recuerdo de Pinochet de la Barra de su visita al Polo Sur en 1994.



Biografía Embajador, escritor e historiador:
Óscar Pinochet de la Barra, un diplomático sensible y visionario
Con motivo de la donación realizada a la Cancillería de condecoraciones y objetos conmemorativos reunidos en su dilatada trayectoria, el ex diplomático fue objeto de un homenaje al cumplir 90 años de edad.
Santiago de Chile
El Mercurio Artes y Letras
Santiago de Chile
domingo 1 de agosto de 2010
Actualizado a las 10:50 hrs.

Fernando Schmidt Subsecretario de Relaciones Exteriores
Resulta imposible ceñir la figura del embajador Óscar Pinochet de la Barra a un área determinada del conocimiento humano: diplomático, abogado, historiador, escritor, poeta, apasionado por las manifestaciones artísticas, cantante, actor, crítico y bailarín de ballet. Miembro de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, de la Academia Chilena de la Lengua y Miembro correspondiente de la Real Academia Española, entre otras instituciones. Experto en asuntos de la Isla de Pascua y, por supuesto, especialista antártico, don Óscar ha destacado en ámbitos tan amplios como diversos.

El Ministerio de Relaciones Exteriores quiere reconocer su trayectoria de casi cinco décadas en esta institución, en la que llegó a ocupar los grados más altos en la representación diplomática de nuestro país, tanto en el ámbito bilateral como a nivel multilateral. Creo que se trata de un merecimiento justo a quien, con noventa años recién cumplidos, es un ejemplo de dedicación profesional al servicio público.

Su trayectoria en el Ministerio ha sido el más claro ejemplo de la necesidad de enfrentar los desafíos de la carrera diplomática, combinando la capacidad intelectual con el conocimiento de nuevas culturas a través de la observación y reflexión. Así lo demostró en sus misiones en la ex Unión Soviética, Japón, Bélgica, Argentina y los Estados Unidos, entre otros países.

En cada uno de esos lugares, el embajador Óscar Pinochet fue capaz de conocer profundamente la forma de vida de sus anfitriones, comprendiendo la importancia de situarse en la posición del otro como único modo de fomentar el diálogo constructivo entre las naciones. Sus obras sobre su experiencia en el Lejano Oriente, así como sus memorias que sugerentemente tituló (poco) Diplomáticas, pueden dar fe de aquello.

Como subsecretario de Relaciones Exteriores entre 1965 y 1968, don Óscar fue protagonista de la inserción de nuestro país en un sistema internacional dominado por la Guerra Fría. En aquella oportunidad, desplegó sus habilidades diplomáticas al abrir vínculos con los países de la órbita soviética, con los que no necesariamente compartía una misma visión del mundo. Los desafíos que debió superar durante la instalación de nuestras representaciones diplomáticas en esos países -proceso del que participó directamente- han sido otro de los aspectos relevantes de su exitosa carrera en la Cancillería.

En la década de 1990, en su calidad de profesor y director de la Academia Diplomática, el embajador Pinochet de la Barra pudo transmitir esa curiosidad intelectual imperturbable a las nuevas generaciones de diplomáticos.

El trabajo que realizó al dirigir esa entidad, junto al Instituto Antártico Chileno -de manera simultánea por un tiempo-, fue y continúa siendo una muestra del dinamismo y flexibilidad que la carrera diplomática exige a quienes optan por seguir este camino. Su figura es representativa en ese sentido.

Pero, sin duda, el legado más reconocido de don Óscar Pinochet es sobre el continente antártico. El gobierno del Presidente Piñera ha reafirmado la prioridad de nuestra política antártica. Hay que agradecer especialmente su aporte a la apreciación y difusión de los valores que la inspiran. Ésta es una tarea que don Óscar comenzó a realizar hace más de setenta años con sus estudios sobre las bases históricas y jurídicas de los derechos de Chile en la Antártica.

Óscar Pinochet de la Barra afirma en una de sus obras que no existe región del mundo donde el entorno tenga la facultad de cambiar tan profundamente al hombre como la Antártica. Allí, éste llega y escribe su historia, pero es la geografía la que condiciona su pluma. Como bien lo señala en su poema "Y la luz fue hecha":

La luz huyó a los Polos

Los hombres que ahí llegan

Son apenas fantasmas

Alargan su propia oscuridad

Marcan el hielo

Y el hielo los marca con su fuego

Aquel joven de espíritu intelectual inquieto, probablemente nunca hubiera imaginado la forma en que ese hielo lo marcaría con su fuego, al participar, con sólo 27 años, en las primeras expediciones de Chile a la Antártica en 1947, 1948 y 1949, en las cuales fueron construidas nuestras primeras bases en ese territorio. No cabe duda de que este fuego del hielo antártico dio forma no sólo a su pluma, sino que además modelaría su vida entera.

Probablemente lo marcaría también al participar en la conferencia diplomática que dio origen al Tratado Antártico en 1959, donde se cimentaron las bases de un continente dedicado a la paz, la ciencia y la cooperación, salvaguardándose al mismo tiempo nuestro interés como país reclamante. Don Óscar es uno de los últimos sobrevivientes de aquel grupo de visionarios que estuvieron conscientes de la singularidad de la Antártica y su valor intrínseco desde temprano, que imaginaron un mundo antártico en desarrollo, un mundo de ciencia y de paz. Así concluiría en otro de sus poemas:

Antártica no es

Un continente como los demás

Es agua blanca, sólida y suave

Instalada en un trozo de roca;

Es un continente de lujo,

Una joya que brilla

Como fanal de nuestro planeta en la noche del universo.

Ese fanal iluminaría su carrera. Esa "hebra de claridad polar que un día los hielos prendieron en su retina" inspiraría en él un trabajo intelectual profundo y prolongado en el tiempo, capaz de trascender más allá del ámbito antártico, transformándolo en un destacado representante de nuestra historia diplomática.

Extracto del discurso de homenaje.

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