SOCIEDAD DE BIBLIÓFILOS CHILENOS, fundada en 1945

Chile, fértil provincia, y señalada / en la región antártica famosa, / de remotas naciones respetada / por fuerte, principal y poderosa, / la gente que produce es tan granada, / tan soberbia, gallarda y belicosa, / que no ha sido por rey jamás regida, / ni a extranjero dominio sometida. La Araucana. Alonso de Ercilla y Zúñiga

My Photo
Name:
Location: Santiago de Chile, Región Metropolitana, Chile

Editor: Neville Blanc

Sunday, July 14, 2013

John Miers "Travels in Chile and la Plata" (1826)

"Fárrago de inepcias, de contradicciones y calumnias" fue una de las afirmaciones que realizó el periódico "La Clave" sobre el libro de John Miers, en el retrato.
 

 
Vista de Santiago en la misma época en que Miers llega a Chile. Ilustración de William Waldesgrave, 1818.

 
Laminar cobre fue uno de los muchos proyectos frustrados de Miers. "Ingenio de cobre", según un grabado del libro de Peter Schmidtmeyer.

 
 
UN EPISODIO POCO CONOCIDO | "Travels in Chile and la Plata" (1826)
John Miers: el mejor y el peor libro de viajes sobre Chile

Charles Darwin lo leyó a bordo del Beagle y muchos viajeros lo usaron como guía. Pero ningún otro relato habló tan mal de Chile. En 1828, el diario nacional La Clave advirtió que Miers había ultrajado a la nación: "Es el primero que la ha injuriado, y es por esto el único a quien deben odiar nuestros compatriotas".

MARCELO SOMARRIVA Q.

El Mercurio Artes y Letras Santiago de Chile
domingo 14 de julio de 2013
Actualizado a las 11:16 hrs.

 
Cuando se habla de viajeros del siglo XIX, muchas veces se construye un aura sentimental en torno a ellos que oculta sus verdaderos propósitos. El economista francés Jean Baptiste Say decía en 1805 que los viajes eran "experiencias industriales", siguiendo al naturalista Linneo, para quien un viajero era un "espía industrial". El viajero y sus testimonios suelen confundirse, pero los libros que dejan tienen más resistencia que sus autores, y cuando estos cuelgan sus bototos, sus testimonios siguen caminando, acompañando a otros viajeros, inspirando otros recorridos y sirviendo propósitos inesperados.

Durante las tres primeras décadas del siglo XIX, Chile, o más exactamente el Cono Sur, fue tema de muchos libros escritos por británicos que recorrieron esta región por razones diversas que convergen en la expansión del comercio británico. De todos ellos, tal vez el que ha caminado más lejos sea el de John Miers, "Travels in Chile and la Plata", publicado en Londres en 1826. Charles Darwin lo leyó a bordo del Beagle y muchos otros viajeros e historiadores de la región lo han usado como guía. Llevando las cosas más lejos, podría decirse incluso que este es el "mejor" de estos libros, por su amplitud y acuciosidad.

Pero si este libro es el "mejor", en otro sentido también es el peor, porque ningún otro habló tan mal de Chile. No es raro, entonces, que nunca se haya publicado aquí. La explicación está en la primera y única reseña sobre este libro -publicada en Chile en el diario La Clave en 1828-, en la que se advierte que Miers ha ultrajado a la nación: "es el primero que la ha injuriado, y es por esto el único a quien deben odiar nuestros compatriotas, y odiarlo despreciándolo, que es la clase de odio que merece". La crítica acusa a Miers de pretender ser un literato, un viajero, un geólogo, o un naturalista, en circunstancias que era apenas un molinero. El autor destaca incluso que Miers, además de misántropo, tenía un aspecto particular: en pocas palabras, un gringo raro y feo.

Laboratorio político

Pero John Miers no era un simple molinero, sino que un ciudadano escocés con estudios de química y mineralogía que viajó a Chile a desarrollar proyectos industriales financiados por su suegro, el sastre Francis Place. Place fue una de las figuras más destacadas del radicalismo británico del siglo XIX; un personaje multifacético que orquestó toda clase de proyectos: operaciones políticas, proyectos educacionales, e incluso la primera campaña británica de contraconcepción. A partir de 1818, su atención se dirigió hacia América del Sur, gracias a la influencia de su maestro y amigo íntimo, el filósofo utilitarista Jeremy Bentham. A partir de ese año, radicales políticos y utilitaristas se encontraron en su entusiasmo por la independencia del Cono Sur, algo que no solo parecía una proeza política, sino también la oportunidad de convertir la región en un gigantesco laboratorio político y social donde experimentar con sus ideas.

La contratación por parte del gobierno de Chile del famoso marino y político radical en desgracia Lord Cochrane, para desarrollar la escuadra libertadora de Perú, fue instrumental para los planes de Bentham y Place. Bentham pensaba enviar con Cochrane "papeles relativos a la Codificación y a la instrucción pública", destinados a Bolívar, a Buenos Aires y Perú. Place fue más lejos, y fraguó un ambicioso negocio: contraviniendo una ley que prohibía la importación de maquinaria británica al extranjero -en ese liberal imperio-, Place sacó de contrabando más de 100 toneladas de máquinas con destino a Chile con el objeto de montar un "molino aplanador" de enorme potencia, además de algunos artefactos para acuñar monedas. El objetivo era laminar cobre para recubrir los cascos de los buques, y también ofrecer a los gobiernos de Chile y Perú la posibilidad de reconstruir sus casas de moneda destruidas durante la guerra.

Para poner en marcha el negocio, Place mandó a su hija mayor, Annie Place -quien había sido educada por James Mill- y a su flamante marido John Miers para que siguieran a Lord Cochrane, quien también participaba del proyecto. Bentham, por su parte, instruyó a Miers en los principios utilitaristas y le dio cartas de recomendación ante Rivadavia y O'Higgins, y es probable que también enviara con él un plan de constitución política para O'Higgins.

El grupo, encabezado por los recién casados Miers y Place, llegó a Buenos Aires el 22 de marzo de 1819. Desde allí Miers envió las máquinas por mar a bordo de la fragata William, a cargo del capitán Charles Smith, mientras la comitiva siguió su camino por tierra, atravesando la pampa y la cordillera, donde Annie tuvo que dar a luz a su primer hijo. Finalmente, Miers llegó a Chile en 1819, donde fue recibido con hospitalidad por O'Higgins, quien le aseguró protección del gobierno. Su fábrica la instaló en Concón, a orillas del río Aconcagua, y para financiar sus proyectos construyó un molino de harina, que, según Maria Graham, era "una pieza de mecanismo muy perfecta". Cochrane y Miers también fueron socios en un emprendimiento agroindustrial que iniciaron en Quintero, donde Cochrane planeaba localizar una base naval y mantener una hacienda ganadera con la ayuda de Miers, quien le proporcionaría maquinaria para producir carne salada, harina y galleta, y así convertirse en el principal suministro de alimentos para las naves del Pacífico.

Chilenos egoístas, presuntuosos e incultos

Desde Londres, Bentham -quien hacia 1819 llegó incluso a pensar en trasladarse a Chile- le pedía a la pareja de jóvenes que le mandara información sobre Santiago, datos como el costo de la vida para una familia, y les preguntaba si era posible ganarse la vida enseñando francés e inglés. Bentham quería saber si O'Higgins estaba interesado en contratar a alguien en calidad de secretario versado en esos idiomas y que -tal como le puso a Antonio Alvarez Jonte- le diera "consejos y asistencia en legislación y educación sobre la base de MIS IDEAS".

Las respuestas que Miers le pudo haber dado sobre la situación de Chile pasaron del entusiasmo inicial a una frustración absoluta. A pesar de las promesas, todos sus proyectos fracasaron, enredados en litigios y conflictos con gente que se opuso a sus planes. A todo esto se sumó el terremoto de 1822, que terminó por sepultar sus ambiciones. Luego de su fracaso, y ante las malas perspectivas de su negocio molinero, Miers viajó a Lima, donde se ofreció para reconstruir la casa de moneda, pero tampoco le fue bien. Finalmente, en 1825, decidió partir a Buenos Aires, donde tuvo más suerte.

Durante este período Miers llevó un diario, y frecuentemente enviaba reportes a su suegro, lamentablemente malos, sobre el desarrollo de sus proyectos, y antecedentes, igual de malos, sobre la situación política y social de Chile, país al que acusa de no haber tenido nunca algo "que merezca el nombre de un gobierno regular" y de estar dominado por una aristocracia feudal y un clero nefasto. Además, lamenta que Chile no tuviera una clase media y que el pueblo oscilara entre la apatía total -según él, "si el gobierno decretara que cada chileno debiera usar un anillo a través de su nariz, se hallarían pocos que desobedecieran el supremo mandato"- y una crueldad homicida.

En 1825, Miers regresó por un tiempo a Londres y puso en manos de su suegro sus papeles para que publicara un libro a partir de ellos, mientras él regresaba a Buenos Aires. Es probable que la intervención de Francis Place en el libro de su yerno fuera más allá de una simple edición. Allí, Miers se presenta como "un espectador desinteresado de los sucesos", pero no es cierto, ya que su libro en buena medida es un ajuste de cuentas con Chile. En ocasiones Miers exagera, como cuando sostiene que "el arte de manejar mulas es el único en el cual los nativos de Chile demuestran alguna habilidad", y en otras muestra una rara clarividencia, al advertir, por ejemplo, que "el egoísmo y la presunción de los chilenos son proporcionales a su ignorancia, y se enorgullecen de no requerir el conocimiento de libros".

Todo esto debió de haber sido muy doloroso en su tiempo para los chilenos, pero lo que le valió a Miers el honor de ser el primer enemigo público de la nación fue haberles negado a los chilenos "sustancialmente la condición de civilizados", porque esto implicaba que la independencia no había ocurrido nunca, que todo era pura utilería, y que el país seguía inmerso en el estado de barbarie en el que lo había mantenido la dominación española.

Marcelo Somarriva es doctor en Historia, profesor de la facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez.

_______________________

Según Miers, el arte de manejar mulas es el único en el cual son hábiles los nativos de Chile.

Circuit City Coupon
Circuit City Coupon