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Chile, fértil provincia, y señalada / en la región antártica famosa, / de remotas naciones respetada / por fuerte, principal y poderosa, / la gente que produce es tan granada, / tan soberbia, gallarda y belicosa, / que no ha sido por rey jamás regida, / ni a extranjero dominio sometida. La Araucana. Alonso de Ercilla y Zúñiga

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Editor: Neville Blanc

Sunday, August 09, 2009

CARTAS DE PABLO A GABRIELA

Los dos poetas Una de las escasas fotos en que aparecen juntos.
Desde la izquierda, Delia del Carril, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Doris Dana y Joaquín Gutiérrez.


Cartas a Gabriela Pablo Neruda Selección, introducción y notas de
Abraham Quezada Vergara.
RIL, Santiago, 2009, 189 páginas, $11.000
EPISTOLARIO

Epistolario "Cartas a Gabriela":
Neruda y Mistral: una amistad con recelos
Entre 1934 y 1955, los poetas mantuvieron una correspondencia que revela sus acercamientos y diferencias en temas políticos, así como el papel involuntario que jugó Gabriela Mistral en el romance clandestino de Pablo Neruda con Matilde Urrutia.
Revista de Libros El Mercurio 8 de agosto de 2009
Pedro Pablo Guerrero
"Neruda significa un hombre nuevo en la América, una sensibilidad con la cual abre todo capítulo emocional americano", escribía Gabriela Mistral a propósito de Residencia en la tierra , en el penetrante "Recado sobre Pablo Neruda", publicado en El Mercurio el 26 de abril de 1936. Por su parte, Neruda estimaba los Sonetos de la muerte hasta el punto de afirmar que "la magnitud de estos breves poemas no ha sido superada en nuestro idioma".
El respeto mutuo, incluso la admiración, que ambos escritores se tenían, queda fuera de toda duda. Sin embargo, de ahí a aseverar, como lo hizo Volodia Teitelboim, que mantuvieron una amistad "que no se quebró nunca" hay una distancia grande. Es cierto que Gabriela Mistral apoyó al poeta sureño desde que lo conoció en Temuco, haciendo más tarde gestiones para impulsar su carrera diplomática y luego conseguir su regreso a Chile durante el gobierno de González Videla. Es verdad que Neruda solidarizó con ella cuando fue despojada de su cargo consular en Madrid y que saludó públicamente el Premio Nobel que la autora recibió en 1945, además de dedicarle, en El Siglo, un sentido obituario y visitar su tumba en Montegrande. Pero el epistolario Cartas a Gabriela , en el cual el investigador y diplomático Abraham Quezada compila 25 misivas -la mayoría de Pablo Neruda y Delia del Carril-, deja traslucir que si bien la amistad entre ambos poetas jamás se quebró, tampoco fue tan profunda ni estuvo libre de trizaduras. Recelos, silencios y un tono más bien utilitario así lo indican. La mayoría son notas llenas de recados, solicitudes y consejos prácticos; pocas sugieren la intimidad propia de una relación estrecha.
Ya en la primera carta del libro, enviada en 1934, Neruda comienza por agradecerle una nota sobre un poema (tal vez "Alberto Rojas Giménez viene volando"), y le dice que Gerardo Diego quiere conocerla, pero a continuación le pide el favor de dejarle su máquina de escribir si es que finalmente resulta la permuta de consulados (Madrid por Barcelona), que el poeta está ansioso de concretar.
No todas las peticiones son tan sencillas. Desde 1949, Neruda insiste en invitarla a congresos de la paz o de la cultura, celebrados en distintos países con el apoyo de la Unión Soviética para frenar, mediante la condena de intelectuales destacados, la amenaza nuclear que representaba Estados Unidos, entonces en clara ventaja sobre el bloque comunista. A juzgar por el tono apremiante de Neruda, Gabriela Mistral simplemente no responde estas invitaciones. Ni siquiera asiste al Congreso Continental de la Cultura que se realizó en Santiago en 1953, que le convidó a inaugurar y presidir. La actitud de la autora hacia el encuentro se puede deducir de un telegrama que le envían el poeta y Mireya Lafuente para calmar sus aprensiones: "Negamos carácter partidista [del] Congreso".
Pero el mayor desaire lo entraña el hecho de que Gabriela Mistral se negara a aceptar el Premio Stalin para la consolidación de la Paz entre los pueblos, "el otro Premio Nobel", como se lo presenta, en una carta de mediados de 1954, Delia del Carril, quien le hace ver que es "tercera vez que te lo propone", en referencia a Neruda, que lo había recibido el año anterior y del cual era jurado.
Delia y Pablo
Gabriela Mistral fue testigo sin querer, al menos por vía epistolar, del deterioro de la relación entre Pablo Neruda y Delia del Carril. El 4 de enero de 1950, Delia le dice desde México que no se preocupe por la salud de su esposo, afectado por una tromboflebitis: "Pablo está maravillosamente atendido". Ella se refiere a los médicos que lo visitan a diario; frecuentación que también hace una mujer llamada Matilde Urrutia, no mencionada en su carta. Un año después, el 14 de diciembre de 1951, Neruda hace a Gabriela Mistral cómplice involuntaria de su adulterio cuando le pide a la poeta y diplomática, entonces a cargo del consulado de Chile en Nápoles: "He pensado en viajar y quedarme esos meses cerca de Nápoles, en Capri, Anacapri o en otra isla. [...] Por lo tanto le ruego buscarme o una casa independiente, con cocinera, o una casa de familia sin otros pensionistas o en último caso un hotel sin turistas". En Capri, es sabido, se reunieron secretamente el poeta y Matilde Urrutia, la musa de Los versos del capitán .
En una carta posterior, ya recogida por Fernando Sáez en su biografía La Hormiga (2004), Delia del Carril le comunica a Gabriela Mistral su voluntad de heredar a Neruda todos sus bienes en caso de que a ella le pase algo. "Yo sé lo que sería mejor que todo..., pero me lo callo", le dice en otra misiva.
Imposible saber lo que Gabriela Mistral le contestó a Delia del Carril, porque, salvo tres, las demás cartas que le envió a ella y a Neruda se extraviaron o, como sospechan algunos investigadores, fueron robadas de la casa de Los Guindos. Sin embargo, otro epistolario - Esta América nuestra. Correspondencia 1926-1956 , de Gabriela Mistral y Victoria Ocampo, editado por Elizabeth Horan y Doris Meyer en Cuenco de Plata- permite hacerse una idea más exacta de lo que Mistral pensaba acerca de la relación entre Delia y Pablo Neruda: "Está gagá de puro amor. Es un amor que se parece a las dolencias que toman todo el cuerpo y no dejan nada para lo normal de la vida". Y más adelante: "El amor de las mujeres viejas es así. Ella parece más com.[unista] que él mismo. Así quiere aparecer, pero yo no le creo eso todavía: lo de sus ideas. Ha llegado hasta a una especie de 'teatro' ultra de sus convicciones políticas. Yo he dejado de estimarla a causa de que no me convence su pseudo locura y menos aún su teatro com.[unista]. Perdona, Vict.[oria]" (carta de 1954).
En todo caso, recuerda Abraham Quezada en su estudio preliminar, hay que asumir con reserva la correspondencia privada de Gabriela Mistral, pues con el paso de los años se acentuó en ella una evidente manía persecutoria . Cartas a Gabriela prueba, en forma indesmentible, que ciertos juicios de la poeta elquina son falsos. Cuando, en la misma carta a Victoria Ocampo, le dice: "No recuerdo que Pablo me haya dado nunca un libro suyo. Y sé que me odia", basta contrastar sus dichos con el hecho, comprobado por Quezada, de que en la Wollman Library, en el Barnard College de la Universidad de Columbia, así como en otras bibliotecas mistralianas, se conservan ejemplares, dedicados cariñosamente por Neruda, de Veinte poemas de amor y una canción desesperada , Residencia en la tierra , El habitante y su esperanza , Canto general y Odas elementales .
Aun sin la mayoría de las cartas de la contraparte epistolar, Cartas a Gabriela es un inestimable aporte que ayuda a entender la compleja relación entre nuestros dos Premios Nobel.

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